1

El monte Ararat de 5.162 mts. de altura, el monte del Arca de Noé, está ubicado en la cordillera del Cáucaso que separa, junto con los Urales, el continente asiático del europeo.

Abrahim Yusuf, ex agente de la KGB y responsable de seguridad de la embajada de Chirvan en Suiza, con cobertura de agregado cultural, circulaba por un abrupto camino hacia un monumental monasterio que se encontraba en las laderas del Ararat. En uno de los sótanos de la inmemorial abadía, la sociedad secreta “Luz del Ocaso” tenía su centro neurálgico, operativo, ideológico y religioso.

Yusuf esperaba llegar un poco antes del amanecer. La cita con el máximo responsable de la orden era a la salida del Sol. El gran sacerdote de la secta no era muy amigo del día, así que no le afectaba no saber en dónde estaba el Sol, porque en el interior de los profundos sótanos del monasterio nunca se sabía si era de noche o de día.

Yusuf entró en el gran patio del monasterio y aparcó el todoterreno en la amplia explanada que se sitúa enfrente del milenario edificio. Apagó las luces del automóvil y sólo distinguió una inmensa mole oscura recortándose nítidamente sobre un cielo que comenzaba a clarear entre multitud de brillantes estrellas. Pensó que de haber ignorado la existencia de la construcción, habría sido casi imposible distinguirla del fondo de las oscuras piedras que conformaban aquel mítico monte. Miró hacia la edificación y apenas pudo ver los huecos de las ventanas del monasterio. Sólo había silencio y oscuridad, oscuridad y silencio.

Yusuf fue recibido por un hermano de la secta que le condujo hasta la cámara principal del “sancta sanctorum” de las dependencias más herméticas de la desconocida orden “Luz del Ocaso”. Las paredes y el suelo del inmenso despacho de dirección eran de un gres pálido con veteadas zonas blancas y negras. Predominaba la tonalidad oscura. Una mesa de mármol negro ocupaba el centro de la sala y ocultaba la parte central de una gran chimenea que crepitaba con un rescoldo rojizo y mortecino. El techo desprendía una luz azulada que daba una tonalidad marina al conjunto, el cual producía una sensación como de densidad y misterio. En el centro del escenario, se recortaba la figura del gran sacerdote, sentado pero erguido detrás de la maciza mesa de negro y bello mármol, cuyo frío brillo destilaba miedo a lo insondable, así como una lánguida e inexorable tristeza.

Yusuf se presentó ante el Sumo Sacerdote, y de pies y con las manos férreamente entrelazadas por detrás de la espalda, le informó de todo el plan magnicida que le había contado el vasco Retama en Suiza.

No se sabía nada del Sumo Sacerdote, así que su existencia no constaba en ningún archivo de ninguna central estatal de información. Su auténtica identidad, sólo él la sabía. De joven se afilió al partido nazi. Al poco tiempo, debido a su fina inteligencia y a sus conocimientos sobre la vida etérica y astral, fue captado por una super secreta sección de las SS, la cual se dedicaba a la investigación y manipulación de lo que popularmente se conoce como magia negra. Allí también destacó, y a los dos años pasó a formar parte del grupo que asesoraba directa y personalmente a Hitler.

Cuando Hitler le conoció y le escuchó por primera vez, consideró que era el mago más eficaz y audaz que había conocido hasta entonces, y no se volvió a reunir con el resto de los brujos negros. Desde entonces sólo lo hizo con el que después sería el Sumo Sacerdote de la “Luz del Ocaso”. Con la derrota del ejército alemán, vino también la desaparición de Hitler y de sus conspiraciones en el mundo de la magia negra. El asesor personal de Hitler se fue de Alemania y se trasladó a Bagdad, y allí se alistó en la orden “Luz del Ocaso”. En 20 años logró la máxima prefectura de la secta.

Durante su etapa de asesor de Hitler, dispuso de todo el poder que le proporcionaba la infraestructura nazi por todo Europa y parte de Asia. Pudo desarrollar cantidad de expediciones por todo el mundo. Especialmente por la zona del Turquestan. También dispuso de fondos y de medios para investigar los diversos aspectos del esoterismo que, de manera misteriosamente curiosa, coinciden en  muchas y diversas culturas de todo el mundo. Fue en esta etapa cuando oyó por primera vez de la existencia de la orden “Luz del Ocaso”.

Sus investigaciones le llevaron a la conclusión de que esta orden poseía el conocimiento de los auténticos orígenes de las razas preindoeuropeas e indoeuropeas. Asimismo se enteró de que cerca de Bagdad, en la zona donde más se aproximan los ríos Tigris y Eufrates, había un templo consagrado a la “Luz del Ocaso”. De esta manera, cuando tuvo que marcharse de Alemania, no lo dudó ni por un momento, y se fue a Bagdad para seguir profundizando en los ancestrales conocimientos de la orden.

Ahora que disponía de toda la información sobre los orígenes de las civilizaciones, y tras oír a Yusuf, consideró que parecía que el actual ciclo de 10.000 años podía llegar a su fin con una decisiva victoria sobre los hijos del Sol.

Los conocimientos sobre el origen de las civilizaciones que poseía la “Luz del Ocaso”, eran como sigue a continuación: Hace 12.000 años, acabando la era glaciar, en el planeta Tierra sólo había un continente habitado, el cual disponía y gozaba de un alto nivel emotivo social, así como tecnológicamente metafísico. Las demás zonas del planeta libres de los hielos perpetuos, eran más inhóspitas y apenas estaban pobladas por unos seres casi humanos que tenían poco desarrollada la capacidad racionalizadora del hemisferio izquierdo del cerebro y que por lo tanto se encontraban en las postrimerías del Paleolítico.

El continente civilizado disponía de asentamientos coloniales por todo el litoral costero del Sur y Centro América, Sur de Europa, Norte de África y Sur de Asia. Su avanzada tecnología metafísica les permitió conocer la inminencia de un gigantesco desastre que iba a suponer el hundimiento de su continente y la subida del nivel del mar en todos los litorales de todas las costas del planeta. El desastre iba a producirse por la súbita y caótica descongelación de la mayor parte de uno de los dos inmensos casquetes polares que había en aquella época, como consecuencia del paso de una inmensa bola de fuego, a la manera de un furibundo castigo divino  proveniente del confín de la galaxia. Pero lo peor no sería la subida del nivel del mar, sino los pavorosos terremotos y maremotos producidos por el brusco cambio de inclinación del eje del planeta al variar su centro de gravedad por el súbito descongelamiento del gran casquete polar del Norte.

Durante varios años estuvieron trasladando a todas las personas que pudieron a la zona del Cáucaso, especialmente a los altos valles que rodean al monte Ararat. El motivo de haber elegido la zona del Cáucaso, además de la altura que tenía sobre el nivel del mar, fue que era el centro geográfico de la zona que se extiende a ambos lados del paralelo 40º de latitud norte, entre los centros cardíaco y laríngeo de Gaia, o entre el corazón y la garganta de la Madre Tierra; lo cual significaba que dicha zona en aquella época sería la menos castigada por los movimientos sísmicos, por estar fuera de la zona de influencia de los centros sacro y plexo solar, donde por sus peculiares características, las convulsiones y desastres correspondientes serían mayores.

Habían previsto que la zona que discurre abajo y arriba de este paralelo por las tierras de Asia y Europa, sería la cuna del desarrollo de las futuras civilizaciones. Eligieron la cordillera del Cáucaso como el centro desde donde partiría la eclosión civilizadora, una vez se hubiesen apaciguado las condiciones producidas por el cataclismo. Cuando la Atlántida se sumergió bajo las olas de mareas embravecidas, la zona del Cáucaso se quedó como el único punto importante de la civilización atlante y último reducto de la séptima y última sub raza de la antiquísima Cuarta Raza Raíz.

Según constaba en los antiguos anales que tenía a su disposición el Sumo Sacerdote, los atlantes tenían un origen solar. No se especificaba en qué consistía el origen solar, pero todos se consideraban hijos del Sol y como tal, todos eran Dios. Habían desarrollado una técnica espiritual que les permitía manifestar la presencia de Dios en su interior. De esta manera, y con semejantes conocimientos, los atlantes del Cáucaso siguieron con su lengua, sus usos y sus costumbres un tanto románticas.

Pero las condiciones de vida en los duros valles del Cáucaso no eran tan cómodas como en las de su extinguido continente, y los problemas comenzaron a surgir. Poco a poco se fue creando una novedosa y triste corriente de opinión cuyo mensaje venía a decir que era una muestra de soberbia el afirmar que todos eran Dios. También decían que la catástrofe que había hecho desaparecer a su antiguo continente, fue debida a la anarquía social que existía, la cual produjo la ira del Dios que les envió la bola de fuego. Decían que Dios estaba por encima de los humanos, y que, por lo tanto, a lo único que se podía aspirar era a cumplir con sus normas y preceptos. Los conocimientos de la técnica espiritual para contactar personal e individualmente con Dios, fueron empleados por algunos para obtener el egocéntrico e interesado poder de elevarse intelectualmente por encima de la media mental de los sensitivos antiguos atlantes.

Así se crearon las primeras castas de sacerdotes o brujos negros o intermediarios profesionales entre Dios y los hombres, que a cambio de regalos, decían que siguiendo sus instrucciones, las personas podían estar a bien con las leyes de Dios. Los primeros sacerdotes amasaron grandes fortunas, propiciadas por los más cómodos que, en lugar de continuar practicando las exigentes disciplinas personales de la técnica espiritual de los antiguos atlantes, prefirieron que fueran otros los que les llevasen sus asuntos con Dios.

La mayoría de los caucasianos, como buenos románticos, no aceptaron la nueva moda, y siguieron con sus prácticas individualistas. Con el paso de los siglos, esta situación se fue polarizando y acabó por enquistarse al consolidarse las dos formas diferentes de ver a Dios. Una, la primitiva de los atlantes, afirmaba que todos eran iguales y que no hacía falta ningún tipo de sacerdote que oficiase ningún tipo de ritual supersticioso y artificial. Su lema era, “yo soy Dios”.

La otra decía que así como la naturaleza está jerarquizada, también los humanos tenían que estar clasificados en diversos estamentos en función de sus conocimientos e influencia social. Si no se respetaba este orden natural, Dios podría volver a castigarles. En la cúspide de la pirámide jerárquica estaba Dios, y ya en la Tierra, el nivel más alto entre los humanos, correspondía a los sacerdotes. Su lema era, “Tú eres Dios, al que pago y adoro, así que sálvame”.

Habían pasado alrededor de 1.000 años desde que se produjo la desaparición de la Atlántida, y sus descendientes se habían fragmentado en dos comunidades bien diferenciadas.

Hubieron de pasar otros 1.000 años para que la naturaleza diese la razón a los sacerdotes. Hace aproximadamente 10.000 años, con el paso a un clima más templado y consiguiente desglaciación actual, se produjo otro desastre que aunque de menor envergadura que el anterior, volvió a provocar la subida de las aguas. El monte Ararat fue una de las pocas zonas del Cáucaso que se salvó de la gran inundación provocada por un torrencial diluvio que de manera contumaz dejó sin Sol las montañas de la Iberia caucásica.

Tuvieron que pasar muchos años para que las aguas bajaran al nivel actual, dando así comienzo la Era del Neolítico. Los casi 500.000 supervivientes de la segunda catástrofe se encontraban más divididos que nunca. Más de la mitad seguía manteniendo el antiguo culto al Sol, a la Naturaleza y a la relación personal e intransferible con Dios, que les proclamaba como reyes con unos derechos que ni el propio Dios les podía arrebatar. El resto había abrazado la religión de los sacerdotes, brujos o intermediarios entre lo energético y lo material.

El carácter individualista y medio anarquista de los hijos del Sol, no era el más apropiado para enfrentarse militarmente a las organizadas huestes de la otra religión. Aún siendo más numerosos que sus contrarios, y acaso también a que recordaron el plan original de sus ancestros, atzabak o abazarrak, de expandir la civilización a través del paralelo que pasaba por el Ararat, optaron por coger el petate y salir a buscar nuevos horizontes.

Así, hace aproximadamente 9.000 años, los que decidieron irse de la Iberia caucásica, se dividieron en tres partidas de alrededor de cien mil integrantes por grupo, y cada una de las expediciones salió en distintas direcciones, pero dos de ellas tirarían hacia el lugar donde nace el Sol, y la otra hacia donde moría. Antes de emprender la marcha, se pusieron de acuerdo en que tenían que dejar una serie de señales, como las miguitas de pan que se van echando por el sendero de un bosque, para que permitiese a las generaciones futuras conocer sus recorridos, sus idas y venidas.

El primer grupo salió hacia el Este, bordeando las costas del sur del mar Caspio, y se internó por el fangoso desierto de Karakum. Los casi 1.000 kms. que separan el principio del desierto del actual y petrolífero Turquestan o Urkestan occidental, fueron duros y demoledores para la numerosa expedición. Después de muchos años de vagar por el inacabable pantano de sucias y pringosas aguas negras, se separaron en dos ramas a la altura de Kizilkum. Una de ellas bajó hasta el paralelo 40º de latitud y acabó accediendo a las primeras estribaciones del Tíbet occidental a través de Kizilkaya y Kizilrabot. Concretamente, accedieron a la cordillera de Karakakorum. A continuación desembocaron en la fría meseta del Tíbet y descendieron a la cálida India o gran Aindia  tal como ellos decidieron llamarla.

Les había supuesto varias generaciones  realizar el duro y largo viaje, pero la belleza y riqueza natural de los bosques que encontraron, les resarció de todas las calamidades pasadas. Siguieron practicando sus disciplinas espirituales, y todo su conocimiento lo plasmaron en unos libros que se conocen con el nombre de los Vedas. Casi 4.000 años más tarde, Krisnha, el fundador de la religión hindú, redactó el Bhagavad Gita en el idioma sánscrito, que era el idioma en el cual se había transformado la antigua lengua preindoeuropea de los atlantes – vedas. La doctrina del Bhagavad Gita estaba inspirada en los textos de los antiguos Vedas pre indoeuropeos que se basaban en el amor y en el escrupuloso respeto a los demás, así como en la obtención de la armonía a través de la intuición proveniente de la consecución del desapego y la entrega generosa en favor de todos los necesitados física y emotivamente.

La otra rama que se había separado a la altura de Kizilkum, dejó las pantanosas llanuras del desierto de Karakum y se dirigió hacia el Norte para establecer contacto con la segunda gran expedición que había partido del Cáucaso. Este segundo grupo también de más o menos 100.000 inmigrantes que salió del Cáucaso, se encaminó hacia el norte. Bordeó la costa occidental del mar Caspio y, una vez superado, lo doblaron para tirar también hacia el Este a través de Kizilkoga, dejando atrás un río, al cual lo llamaron Ural. A continuación se encontraron con las estepas del Kazajastan, y dejando atrás Kizilzhar, se toparon, en Kizilkomuna, con la rama escindida del primer grupo.

Todos juntos continuaron hacia el Este, a través de la zona inferior al paralelo 50º de latitud, hasta llegar al monte Beluka de 4.500 mts. de altura, a través de otro Kizilkaya. El monte Beluka es el mascarón de proa de las primeras estribaciones occidentales de la cordillera Altai. En este punto, la rama escindida del primer grupo se volvió a separar y a través de los montes Hangayn, descendió a las llanuras de Mongolia y atravesó el desierto de Gobi para acabar llegando a la actual China, desarrollando allí cerca el lenguaje Tocario, origen de los diversos idiomas chinos.  

Esta rama que se estableció en el sudeste asiático, había empezado el viaje con el primer grupo, después se había ido para juntarse con el segundo grupo que viajaba más al norte, y ahora se volvía a separar para bajar a Mongolia. Había conocido dos expediciones distintas y al final se quedaron en el medio. Sus experiencias de haber convivido en dos grupos diferentes, les sirvió para desarrollar el aspecto dual de la mente. Profundizaron en el estudio de la mente y acabaron por comprender que todo dependía del sabio equilibrio entre los contrarios, logrando así la intuición proveniente de recorrer el mental sendero medio o equidistante entre los diversos pares de opuestos. Desarrollaron la filosofía del Yin y del Yang, que unos milenios más tarde adoptó como propia el filósofo chino conocido por Lao Tse.

La segunda gran expedición, una vez vuelta a su composición original, desde el monte Beluka se dirigió hacia el nordeste, y a través de Kizil, en las proximidades del nacimiento del río Yenisei, desembocó en las gélidas estepas de Siberia, yendo así de Iberia a Siberia. Pasando por Kizilxilik, Kizilsir y Kizilsuluo, se toparon con los impresionantes montes helados de Cherski. Les costó muchísimo superar las altas cumbres de hielo, pero después de emplear tres generaciones en la empresa, consiguieron pasar al otro lado a base de utilizar el misterioso sentido de la intuición, pero en este caso proveniente de un casi inhumano uso de una férrea tenacidad como consecuencia de una indomable voluntad.

Al otro lado se encontraron con un panorama parecido, pero al menos habían pasado lo peor. Siguieron para el Este, y sin saber exactamente en qué momento, se adentraron en el continente americano a través del estrecho de Bering.

Su pista se desvanece al desparramarse por todo el continente de norte a sur, a no ser por las impresionantes y desconcertantes ciudades construidas en el actual Mexico, Centro América y costa del Pacífico de América del Sur. De todas formas, además de un cierto parecido físico, lo único que les une son las intuitivas prácticas chamánicas que conocen y practican los aborígenes de Siberia y los indios de todo el continente americano.

La tercera gran expedición que partió de las laderas del Cáucaso, encaminó sus pasos para el Oeste. Avanzó hacia occidente sobre la línea del paralelo 40º de latitud, y en toda Turquía fue dejando un reguero de miguitas de pan. Kiziltepe, Kizilirmak, Kizilimak y Kizilcahaman son algunas de las pistas que dejaron por Turquía, o Urkia, antes de adentrarse en Europa a través del Bósforo.

Pero antes del histórico paso a Europa, los ibéricos caucásicos atlantes que habían escapado del dogmatismo y autoritarismo de la religión de los brujos profesionalizados que habían mercantilizado sus conocimientos atlantes, tuvieron la primera escisión que se conoce al Oeste del Cáucaso.

Los ibéricos eran montañeses, por lo tanto no eran expertos en asuntos marineros. Sólo lo conocían de verlo de lejos y de las remotas historias cantadas contando la existencia de remotos continentes y remotos mares de un poder destructor absoluto. El temor al mar era una característica muy difundida entre los ibéricos.

Así que tras dejar atrás Kizil Tepe, no tuvieron más remedio que tomar una decisión, dramática para muchos. Se habían topado con las aguas de un mar que les impedía seguir a pie. A este obstáculo o límite a su afán de progresar hacia Occidente, hacia la definitiva puesta del Sol, lo llamaron Mar, y porque era un límite o raya para muchos insuperable, se quedó con Marmar o Marmara, que tenía más contundencia. Tras muchos días de enconados y duales debates celebrados en Biga, la unanimidad no fue posible, y unos optaron por quedarse en la costa, siendo conocidos como los temerosos de las olas profundas o Baga por su oposición a los Boga que habían decidido pasar remando el terrorífico Marmara a través del paso estrecho de Bogazi o Bósforo. Desde entonces siempre ha habido poetas que han cantado al Baga, Biga, Boga.

Los pre indoeuropeos Baga se ubicaron entre Biga y Ezina o Ezine, y crearon una sociedad que paulatinamente gracias al inexorable paso del tiempo, perdió su miedo al mar de Marmara; no sin antes construir la mítica ciudad de Ilion, que tres mil y pico años más tarde de su fundación, supo mantener sus formidables murallas a pesar de los ataques de los guerreros indoeuropeos Hititas hacia el siglo XX antes de Cristo. Los Baga pre indoeuropeos que hablaban en lengua pre indoeuropea, sólo pudieron ser doblegados por los Aqueos indoeuropeos que hacia el siglo XII a/C, conquistaron a sangre y fuego la homérica Troya y la cultura ibérica de los Baga de las olas profundas.

Pero antes de tantas odiseas, los decididos Boga atravesaron remando el Marmara a través del estrecho de Bogazi, y pusieron pie en unas tierras que después fueron conocidas como Europa. Una vez en las tierras de la actual Bulgaria, este grupo también se escindió. Unos que habían comprendido que la vida no es ir de la ceca a la meca, y mucho menos a bordo de inseguras barcazas atravesando procelosos mares, y que preferían el placer del sexo a las exigencias del deber, optaron por quedarse por Hungría y acabaron constituyéndose con el tiempo en una raza que sólo viajó y vivió para la alegría.

Los demás también se separaron en dos grupos. Los Boga más radicales, los que más habían disfrutado de la odisea marina, le cogieron gusto a las olas, y optaron por quedarse en las costas de enfrente de los Baga, convirtiéndose en unos excelentes marineros conocidos como los Belaskos o Pelasgos que con el tiempo se atrevieron a dominar las técnicas de navegación, lo cual les permitió crear colonias en las islas de Sicilia y Corettao Kreta. El nombre de Koreta o Goreta fue por los dos impresionantes montes de casi 2500 metros de altura, Ori e Ida, siendo este último monte el lugar de nacimiento del Dios Zeus según la posterior mitología griega. La pre indoeuropea cultura Minoica o cretense fue arrasada por los Aqueos indoeuropeos hacia el siglo XV a/C, tres siglos antes de la destrucción de Troya por los mismos Aqueos o Akerrak.

Iscilia o Sicilia, llamada Sikelia por los griegos, supo aguantar a los Aqueos del siglo XV; y después en el siglo VIII, los Helenos descendientes de los Aqueos tomaron las costas orientales de la isla; pero más tarde supieron resistir a principios del siglo V a los Atenienses de la época de Alcibíades, y luego a Cartago. Finalmente sucumbió ante los militarizados Latinos indoeuropeos a principios del siglo III antes de Cristo.

Volviendo a las aventuras de los Boga en otra Biga, en este caso Iruga, aquellos que no les dio ni por la juerga de los unos ni por el mar de los otros, optaron por alejarse de sus costas y continuaron a pie su viaje a Occidente para cumplir el designio de seguir propagando la civilización hasta el límite de las tierras donde el Sol se muere.

Para ello tuvieron que tirar para arriba a través de las tierras costeras de aquél cada vez mayor mar. Después de incontables años, llegaron a un lugar ideal al que llamaron Udaenea, después Udinea o Udine, donde parararían a descansar antes de emprender la marcha que les llevaría por entre aquellos formidables montes que se veían a Occidente.

Los ibéricos Boga estaban más a gusto entre montañas, así que no les disgustó la perspectiva de tener que adentrarse en semejantes altos parajes; pero unas cuantas generaciones alejadas de las montañas de su originaria Iberia caucásica, había mermado las cualidades montañesas primitivas; y unos cuántos, principalmente los menos aptos en condición física, a la altura de Lodi o después Milán , al grito de “Albez?” , se separaron de los más montañeros para bajar de los montes y establecerse en las costas occidentales del Norte de aquella elegante península.

Los antaño ibero caucásicos, ahora Boga Lodi Albez o Alpez, fueron unos emprendedores formidables, creando la pre indoeuropea, culta y refinada sociedad etrusca de la llamada Etruria, formada por una confederación de hermosas ciudades independientes que constituían voluntariamente una entidad cultural, social y económica de mayor rango como era Etruria. Con el transcurso de los siglos, también se hicieron buenos marinos y arribaron a las costas de Córcega y Sardeina, donde se encontraron con algunas colonias de los antiguos Boga ahora Koretas o cretenses; además fundaron la ciudad de Roma para los Latinos e Italos indoeuropeos que habían comenzado a llegar en el siglo XIII a/C.

Esta refinada cultura no fue óbice para que entre los etruscos se llamasen a sí mismos como Ratzena o Rasena por su eficacia en la práctica de ratzias guerreras tales como las que les permitieron reinar en la Roma predominantemente Latina e Itálica. Pero los Latinos, ahora Romanos, siglos más tarde, después de enconadas luchas, lograron derrotar a Etruria en el siglo III a/C, y proceder a su toma para anexionarla a su jóven República que luego llegó a ser el poderoso Imperio romano. Pero la cultura y estilo de ver la vida de los etruscos, así como cantidad de vocablos pre indoeuropeos tomados por el Latín indoeuropeo, impregnó los orígenes de Roma y su idioma.

Mucho antes de la llegada de Italos y Latinos, los Boga que se quedaron en los Alpes, continuaron su marcha para Occidente, avanzando con más ímpetu ante la sensación de la proximidad del final de tanto viajar. Cruzaron los Alpes y bajaron a unas espléndidas llanuras regadas de abundantes ríos, lograron vadear dos importantes ríos llamando Garaona al último y viendo a lo lejos, hacia el Sur, otra impresionante cadena de montes. Al poco tiempo se dieron de bruces con otro mar, pero éste mucho más bravío e inmenso que los que habían conocido hasta entonces. Comprendieron que habían llegado al límite de verdad, al gran mar o “marra” o itxaso que no les dejaba pasar, contemplando a lo lejos cómo el Sol se ocultaba por detrás del límite del horizonte marino. Se quedaron allí para lograr dominar el nuevo mar y proseguir la búsqueda del lugar donde muere el Sol.

El Sumo Sacerdote recordó que la clave acordada por los iberos caucasianos al principio de sus tres grandes expediciones para jalonar sus recorridos por Asia y Europa, fue la palabra Kizil, que para ellos significaba el lugar en donde reposan las diminutas partículas en  que se convierten los cuerpos después de morir. Desde el extremo occidental de Turquía al extremo oriental de los montes de Cherski, existen más de 20 toponimios expresados con Kizil, los cuales indican los cuatro caminos que llevaron a los antiguos atlantes a América, a China, a la India, a Ilion, a Creta, a Sicilia, al País de los Etruscos y al Golfo de Bizkaia de los Euskos o Eguzkos buscadores del escurridizo Sol.

El Sumo Sacerdote analizó la situación que le presentaba Yusuf, y se dio cuenta a la primera que las consecuencias represivas que ocasionaría el magnicidio propuesto por ETA, serían tan devastadoras que acabarían con el sentimiento de anarca libertad que siempre habían tenido los hijos del Sol.

La única rama caucasiana que había conservado el idioma atlante y que, además, había mantenido íntegra su voluntad de permanecer independiente a todo y a todos, aparecía en el momento más oportuno para utilizarla en su sagrada guerra contra todo aquello que sonase a libertad, democracia, armonía, racionalidad y sabiduría al servicio de la independencia personal y la libertad de criterio.

Recordó que la orden “Luz del Ocaso” fue fundada por la misma época en la que emprendieron sus viajes las tres expediciones de los hijos del Sol. Los sacerdotes se habían quedado con el Cáucaso, pero eso no era suficiente. Para que su filosofía religiosa y social tuviese éxito, era necesario que el mal ejemplo, anarquista y liberalizador de los hijos del Sol, no arraigase en la incipiente humanidad cromañoide que por aquel entonces comenzaba su andadura evolutiva del Paleolítico al Neolítico. Y la cosa no había ido tan mal.

Por una parte, a pesar de la obtención de grandes joyas intelectuales como las logradas por las ramas atlantes que civilizaron la India y la inquietante China de rasgados ojos, a pesar del desarrollo de las científicas técnicas de Yoga, de la filosofía del Tao, del conocimiento de Budha y de las prácticas del Zen, lo cual todo ello supone un auténtico canto a la libertad mental, emocional y física; a pesar de todo ello, la dualista y mecánica visión de los sacerdotes indoeuropeos Arios logró que los mensajes originales de los atlantes no tuviesen mucho arraigo en Oriente. Fueron desvirtuados y manipulados y exoterizados por las sucesivas castas sacerdotales que más tarde comenzaron a surgir en la India y en el Sudeste Asiático.

Los originarios conocimientos para liberar a las personas de sus ataduras a la materia, fueron tergiversados y transformados en una serie de creencias supersticiosas. Con el transcurrir del tiempo, la antigua sabiduría de los atlantes se había quedado en unos conocimientos que sólo compartían los intelectuales metafísicos, los místicos soñadores y los voluntariosos yoguis.

Por otra parte, la rama que desembocó en América había sido prácticamente borrada del mapa. Asimismo, la raza gitana se había convertido en un pueblo marginal. Sólo los vascos eran los únicos que seguían metiendo ruido.

Pero esta vez, el ruido les iba a explotar en sus propias narices y en las del sistema democrático occidental. Para el Sumo Sacerdote, cualquier debilitamiento de Occidente le era muy favorable para seguir impulsando y fortaleciendo el poder del integrismo religioso islámico, que desde hacía dos décadas estaba in crescendo. El fanatismo religioso era la antítesis de la ideología democrática y liberal, la cual, al fin y al cabo, no era más que la actual adaptación de la vieja ley de los hijos del Sol.

Habían pasado varios milenios desde que olvidaron las viejas leyes atlantes, y después de un duro y largo proceso, habían llegado a lo mismo. Ahora, en toda Europa se reconocía, aunque no se practique siempre, que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, que todos tienen los mismos derechos y que el derecho a la libertad de expresión es la piedra angular que permite el mantenimiento de los demás derechos.

La vieja ley atlante de los hijos del Sol, que consideraba que todos eran Dios, que todos tienen derecho a desarrollar su propio criterio, y que la libertad de pensamiento y de expresión es el único motor de la evolución; se volvía a enunciar con distintas palabras, pero con el mismo mensaje.

Así que el Sumo Sacerdote tenía muy claro que el contenido teórico de la democracia que venía desde Occidente, era la doctrina más peligrosa para el fanático, ignorante, machista y violento movimiento integrista árabe. Por eso, el anular la libertad de pensamiento bajo el peso de la ignorancia, y lograr que todas las personas acepten sin rechistar la autoridad de unos pocos, fue el objetivo que se propuso la “Luz del Ocaso” desde su inicio fundacional, allá en los albores de la Historia.

La historia se volvía a repetir. Hace 9.000 años, los que se quedaron en el Cáucaso o Iberia, o Ibaierria, bajo la autoritaria influencia de los sacerdotes, estuvieron durante varias generaciones preparándose para la guerra. Cuando consideraron que ya estaban preparados, enviaron expediciones hacia el Sur. Se asentaron en las cuencas del Tigris y del Eufrates, fueron los Sumerios de Uruk; y una vez que consiguieron una sociedad férreamente militarizada, comenzaron la conquista del Asia Central, de la India, de la península de Arabia, del Norte de África, y de toda Europa.

Durante varios milenios combatieron en el Asia Central, adoptando diversos nombres, y llegaron a penetrar en la mismísima India de los Vedas, siendo conocidos allí como los Arios Indoeuropeos.

En el Oriente próximo, primero los Hititas y sus carros de combate intentaron quedarse allí, y luego aproximadamente en el siglo XV a/C llegaron los Semitas, hijos de Sem o de Seme, el hijo de Noé. Llegaron a crear sus propias lenguas, pero sin perder el sustrato de la lengua primitiva pre indoeuropea.

Semitas eran los Hebreos de Abraham, oriundo de Ur, o Hebraicos o Ibaierrikos, adoradores del tiránico Yavhé o Jabe. Asimismo eran también Semitas los que después acabaron adorando a Alá o Ahala.

Así, las grandes religiones monoteístas, la hebrea de Yavhé, la católica latina de Deus Dei o Deia, y la islámica de Alá, provienen del mismo tronco lingüístico indoeuropeo, el cual había tomado abundantes vocablos de la anterior lengua preindoeuropea de los inmemoriales Vedas o Atlantes.

En el Egipto de los Etíopes Camitas, las huestes arias indoeuropeas fueron conocidas con el nombre de Hititas. En lo que después fue Grecia, los Pelasgos o Belaskos preindoeuropeos les conocieron como los Aqueos y luego Gálatas; en la Italia de los Etruscos también preindoeuropeos, aparecieron como los Latinos que se quedaron con Roma; y en el Centro y Norte de Europa, fueron los Keltas o Celtas.

Arios, Hititas, Aqueos, Gálatas, Italos, Latinos, Celtas, Germanos, todos ellos aguerridas tribus indoeuropeas venidas de Asia o Hasia, que hablaban idiomas indoeuropeos con notables raíces preindoeuropeas, una vez en Europa fueron también las principales naciones matriz de la llamada Quinta Raza Raíz.

En Europa, los Celtas entraron a través de los Urales y se asentaron durante una época en las estepas rusas. Luego avanzaron hasta centro Europa, quedándose durante una temporada en los Alpes, y después terminaron llegando a las costas atlánticas hacia el siglo VIII a/C; siguiendo la pista de los hijos del Sol pre indoeuropeos, para intentar acabar con ellos, y así cumplir el viejo designio de la “Luz del Ocaso”.

Pero, ni los Celtas; ni los Romanos del Mediterráneo pelásgico, semítico y latino; ni los Bárbaros, en sus distintas versiones de Francos o Alanos o Godos, descendientes de los antiguos Celtas centroeuropeos; ni los Árabes fieles seguidores del todopoderoso Alá y de la palabra de Mahoma; ni los actuales vecinos, Españoles y Franceses, que tenían ahora, habían podido acabar con ellos o al menos con su espíritu.

Sin embargo, la oportunidad que le brindaban los vascos de ETA, permitiría al Sumo Sacerdote crear el caos en un país democrático de Europa, y, además,  acabar definitivamente con el sentimiento de independencia de los vascos. Y todo gracias a ETA.

El Sumo Sacerdote dio el visto bueno a la colaboración en la realización del magnicidio, y dijo a Yusuf que pusiera a su mejor gente en la operación. Yusuf se despidió dando un fuerte taconazo en el suelo de gres, y salió del despacho para iniciar el viaje de vuelta a Suiza. Durante todo el trayecto de retorno a los Alpes, estuvo pensando en lo mismo, y sólo en lo mismo: “Gracias Alá por haber elegido a mi humilde sumisión para tu Santa Misión”.

 

RELACIÓN DE LOS LUGARES QUE TIENEN EL NOMBRE DE KIZIL, DESDE EL EXTREMO OCCIDENTAL DE TURQUÍA AL EXTREMO ORIENTAL DEL NORTE DE SIBERIA.

Kiziltepe
32º - 41º
Kizildag
33º - 38º
Kizilcahaman
33º - 41º
Kizilirmak
36º - 39º
Kizilimak  
36º - 42º
Kiziltepe 
40º - 38º
kizilkoga
53º - 48º
Kizilsu          
53º - 40º
Kizilatrek 
54º - 38º
Kizilarvat 
56º - 39º
Kizilskoie 
59º - 53º
Kizilzhar 
63º - 49º
Kizilkum 
65º - 42º
Kizilui
65º - 47º
Kizilkomuna 
68º - 48º
Kizildiikan 
69º - 48º
Kizilkiya 
73º - 40º
Kiziltau        
73º - 48º
Kizilart       
74º - 39º
Kizilrabot 
75º - 38º
Kizilkiya 
77º - 47º
Kizil        
87º - 52º
Kizil         
92º - 52º
Kizilxilik        
113º - 64º
Kizilsir
130º - 63º
Kizilsuluo
138º - 64º

En Europa, las invasiones griegas, celtas y latinas difuminaron la mayoría de los toponimios preindoeuropeos  existentes  al  comienzo de la arribada de los pueblos de Hasia, con sus valores y sus creencias precursoras del actual sistema imperante.

 

Click para Volver